LOS OTROS SENTIDOS Mar 14, 2018

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LOS OTROS SENTIDOS

LOS OTROS SENTIDOS

Aunque en el colegio nos enseñan que los sentidos son sólo cinco, la verdad es que el cerebro dispone de muchos otros sentidos de los que obtiene información además de los habitualmente conocidos. Sí, el sexto sentido existe. Y el séptimo, y el octavo,… Lo cierto es que hay un montón.

Entonces, ¿cuál es la razón de que sólo conozcamos cinco? La respuesta es sencilla: los cinco sentidos convencionales (vista, oído, tacto, olfato y gusto) son los que permiten a nuestro cerebro relacionarse con el medio externo, con su entorno, y esto los convierte en especialmente detectables: cualquiera puede darse cuenta con facilidad de que si cierra los ojos, no ve; por lo que resulta bastante evidente pensar, que en los ojos están los receptores que permiten la visión.

Sin embargo; nuestro cerebro no sólo necesita relacionarse con su medio externo, también requiere de una estrecha relación con su medio interno; con el resto de estructuras que cooperan con él, lo mantienen con vida y sobre las cuales debe llevar a cabo acciones rápidas, precisas y eficientes. De dichas acciones puede depender la supervivencia del organismo, por lo que se entiende la importancia de esta estrecha relación.

Estos sentidos menos conocidos, disponen de una red de “sensores” repartidos por todo el organismo, que forman parte del sistema nervioso y cuya única función es mantener al cerebro informado en todo momento de todo cuanto acontece en su “territorio”. Sí, nuestro organismo es como el Gran Hermano de Orwell: el cerebro que todo lo ve.

Aunque la analogía pueda parecer una exageración, no lo es. Existen “sensores” para todo: Unos detectan la posición articular o la tensión y posición de las fibras de músculos, ligamentos, tendones o cápsulas articulares (propioceptores); otros detectan cambios de la presión arterial a través de la detección química de ciertos gases (quimiorreceptores), o perciben la presión relativa de éstos (presoceptores); algunos se encargan de detectar cualquier señal de alerta de las células que han sido dañadas (nociceptores) y otros hacen lo propio cuando la temperatura interna no es la adecuada (termoceptores).

El desconocimiento de estos receptores, que no son más que células nerviosas que se activan ante un determinado estímulo muy concreto; resulta ahora más lógico. Y es que, a diferencia de la vista o el oído, en este caso no resulta evidente pensar que cuando la tensión arterial ha subido, es a consecuencia de que uno de estos “chivatos” ha detectado que la presión parcial de oxígeno en sangre ha bajado. Es por esto por lo que, a diferencia de los sentidos clásicos, su descubrimiento ha requerido del avance científico para su comprensión.

Así que ya sabéis, el sexto sentido existe y literalmente está en nuestro interior. Sin embargo; se parece más a un sistema de cableado con multitud de sensores informando al unísono, que a la idea espiritual y esotérica, que la literatura y el cine nos han hecho creer.

Lo sé, es menos poético; pero nos mantiene con vida.

Sobre el autor

Antonio Javier Trujillo

Antonio Javier Trujillo

Fisioterapeuta & Osteópata

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