LA PROPIOCEPCIÓN I Abr 14, 2018

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LA PROPIOCEPCIÓN  I

LA PROPIOCEPCIÓN I

El mes pasado os hablamos sobre los interioceptores, esos otros sentidos que monitorean todo lo que ocurre en el interior de nuestro organismo y mantienen al cerebro informado en todo momento.

Hoy os hablaremos sobre uno de estos “sentidos especiales”: la propiocepción, cuyos pequeños sensores especializados, los propioceptores;  informan al sistema nervioso central acerca de la posición relativa de los distintos elementos del aparato locomotor. Dicho de otra forma, le dicen al cerebro, en qué posición se encuentra una articulación con respecto a las demás, cuánto se ha estirado un ligamento o un músculo en un determinado movimiento, o cuál es, por ejemplo, la presión de la cápsula articular en un punto dado. Todo esto, de manera simultánea, coordinada y en décimas de segundo.

De esta forma, el cerebro puede “visualizar” la posición relativa de todos los elementos que conforman el aparato locomotor, haciéndose una idea global de la posición real de todo el conjunto, pudiendo así responder de manera eficaz con las correcciones oportunas en cada caso.

Todo el sistema en conjunto, hace al sistema nervioso central más capaz ante cualquier eventualidad que pudiera surgir, y permite al organismo ser más eficiente, desde una perspectiva energética, en cada movimiento; lo que a su vez se traduce, en términos biológicos,  en más posibilidades de supervivencia para el organismo.

Un experimento sencillo e interesante para apreciar mejor el papel de la propiocepción en el organismo, consiste en, cerrando los ojos; tocarte la punta de la nariz con un dedo. Si tu propiocepción es adecuada, verás que una y otra vez tu dedo índice toca correctamente la punta de tu nariz, incluso aunque estires el codo de manera sucesiva, o cambies la posición del hombro.

Si lo piensas un poco, y aunque de entrada pueda parecer un movimiento tremendamente sencillo; verás que para que la punta de tu dedo toque la superficie correspondiente a la punta de tu nariz; el cerebro debe realizar ajustes altamente específicos, controlando casi al milímetro la angulación de tu codo, hombro y muñeca; estabilizando tu dedo; controlando la tensión muscular al detalle para que tu dedo se pose suavemente en tu nariz; etc. Y para ello, debe conocer en todo momento la posición de todos los elementos que intervienen en el  movimiento. Dicho de otro modo, si tu cerebro no conociese exactamente la angulación de tu codo y hombro, no podría calcular la distancia a recorrer hasta tu nariz, y el dedo índice iría a parar a cualquier otra parte de tu cara, o incluso fuera de ésta; o acabaría realizando demasiada presión, o tan poca; que ni siquiera llegaría a tocar tu cara.

Los propioceptores son por lo tanto un elemento fundamental para el sistema nervioso. Son “los ojos” de éste en el interior del organismo y cuando se lesionan, lo que ocurre siempre que se lesiona la estructura en la que se encuentran alojados –tendones, ligamentos, músculos, etc.–; aspectos tales como la coordinación o el equilibrio se ven afectados y fallan.

Es por esta razón por la que la propiocepción cobra una importancia especial en el ámbito de la fisioterapia, siendo imperativa su rehabilitación y recuperación en la mayoría de las lesiones del aparato locomotor. Pero, sobre esto hablaremos un poco más en el próximo número.

Sobre el autor

Antonio Javier Trujillo

Antonio Javier Trujillo

Fisioterapeuta & Osteópata

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