¿CALOR O FRÍO? Nov 14, 2018

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¿CALOR O FRÍO?

¿CALOR O FRÍO?

Es muy habitual que nuestros pacientes nos hagan esta pregunta en la consulta de fisioterapia: ¿calor o frío? En el artículo de este mes vamos a intentar clarificar un poco este tema que tantas dudas genera.

En términos generales, podemos decir que el frío tiene propiedades antiinflamatorias, mientras que calor es proinflamatorio. Esto quiere decir, que en aquellas situaciones en las que exista un proceso inflamatorio de carácter agudo (“reciente”) el uso de frío será en líneas generales, más adecuado; mientras que en aquellas situaciones en las que el proceso sea de carácter crónico (“no reciente”), el uso de calor estará más indicado. Si bien debemos tener en cuenta que ciertas patologías pueden no seguir esta regla, y por lo tanto, ante la más mínima duda siempre debemos consultar a nuestro médico o fisioterapeuta.

Entonces, ¿cómo saber realmente cuándo aplicar uno u otro? Ciertamente es complejo, ya que depende de la respuesta del organismo a cada circunstancia, y como hemos dicho, cada patología debe tenerse en cuenta de manera independiente. Sin embargo, voy a explicaros un poco cómo actúa el organismo de manera general, para orientaros un poco al respecto.

Cuando tenemos una lesión aguda, nuestro organismo activa una serie de procesos encaminados a recuperar y regenerar los tejidos que se han lesionado. Dichos procesos buscan producir una inflamación que permita, en última instancia, un mayor aporte sanguíneo en la zona lesionada y como consecuencia, una acumulación mayor de nutrientes y sustancias que participan en la reparación tisular. Para conseguir esta inflamación en la zona, nuestro cuerpo pone en marcha un conjunto de medidas entre las que se encuentran la dilatación de los vasos sanguíneos de la zona a inflamar. Por razones obvias, la dilatación del vaso sanguíneo, implica un mayor caudal de sangre y éste a su vez, una mayor concentración de sustancias “reparadoras” en la zona.

Sin embargo, este proceso “reparador”, tiene una duración dada que suele oscilar en torno a la semana, disminuyendo considerablemente a partir de este momento; activándose entonces otros procesos que generarán la posterior “cicatrización”.

Una vez conocemos un poco mejor la manera en que actúa nuestro organismo, ya sólo nos falta saber cómo actúan el frio y el calor al aplicarlos sobre nuestro cuerpo:

El frío provoca una contracción de los vasos sanguíneos (vasoconstricción), limitando por tanto el caudal de sangre y reduciendo el proceso inflamatorio generado por el organismo; mientras que el calor hace lo contrario, dilatando los vasos sanguíneos (vasodilatación), aumentando el caudal de sangre y favoreciendo, por tanto; el proceso inflamatorio activado por nuestro cuerpo.

De esta manera  podemos “engañar” ligeramente a nuestro organismo, reduciendo con el frío un proceso inflamatorio cuando éste es excesivo, o aumentándolo con el calor cuando es insuficiente. Tal y como el lector imaginará, la primera situación suele darse en los momentos iniciales de cualquier lesión (cuando la inflamación es máxima) o en momentos puntuales de agudización; mientras que la segunda por su parte, suele darse en los momentos finales del proceso o cuando éste se prolonga en el tiempo, cronificándose.

Esta es la razón por la que por norma general, solemos indicar la aplicación de frío en los primeros días tras una lesión (véase un esguince de tobillo), mientras que por el contrario; el calor solemos indicarlo en fases más avanzadas de la recuperación de una lesión, o en aquellas patologías que tienen un carácter crónico, como en el caso de la artrosis o la artritis.

Sobre el autor

Antonio Javier Trujillo

Antonio Javier Trujillo

Fisioterapeuta & Osteópata

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