DOLOR DE ESPALDA Y CORRECCIÓN POSTURAL Abr 26, 2019

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DOLOR DE ESPALDA Y CORRECCIÓN POSTURAL

DOLOR DE ESPALDA Y CORRECCIÓN POSTURAL

No sería atrevido afirmar que uno de los motivos de consulta al fisioterapeuta más habituales −si no el que más−, es el dolor de espalda. Si bien estos problemas ya existían en el pasado; hoy en día el aumento de la esperanza de vida asociada a una mayor preocupación social por la salud y su prevención, por un lado; y el cambio en nuestros hábitos de vida, por otro; han favorecido este incremento en la consulta de fisioterapia.

Uno de los principales factores que inciden en dichos dolores de espalda, son los problemas de carácter postural, siendo una correcta postura, fundamental en la prevención del dolor de espalda. Pero, ¿Cuál es la postura correcta? ¿Y cómo corregirla?

En primer lugar, hay que entender que no existe una postura más correcta que otra. Se puede ser jorobado y no tener dolor de espalda. Pero, ¿Cómo puede ser esto posible? La clave no está en buscar la postura perfecta, si no la postura más equilibrada en cada caso.

Esto se explica porque durante nuestro desarrollo, nuestro organismo busca crecer de manera equilibrada en relación con las fuerzas −la gravedad principalmente− que lo someten y desequilibran en el espacio. En este proceso, nuestro cuerpo va realizando adaptaciones anatómicas o estructurales continuas que le permitirán oponerse adecuadamente a las ya mencionadas fuerzas físicas que se le oponen. Para entender mejor estas adaptaciones, debemos imaginarnos un árbol en crecimiento. Durante su desarrollo, el árbol deberá adaptarse a cualquier fuerza que se oponga a su imparable ascenso en busca de la indispensable luz que lo “alimentará” durante su edad adulta. En este camino, el árbol se enroscará, ramificará y deformará su anatomía, cuanto sea necesario, en pos de su supervivencia; oponiéndose a la fuerza del viento, a la gravedad o la acción de los animales.

Aunque pueda parecernos extraño, la mecánica física que mueve al árbol es la misma que mueve a nuestro organismo. Como curiosidad os diré que el símbolo asociado a la medicina ortopédica, es un árbol atado a un palo que guía su crecimiento o Árbol de Andry, llamado así en honor al médico francés del siglo XVIII, Nicholas Andry de Boisregard, considerado el padre de la cirugía ortopédica. Aunque eso es otra historia…

Dejando árboles a un lado y volviendo al cuerpo humano y a sus adaptaciones, queda mencionar que éstas son especialmente importantes durante el crecimiento del infante, y una vez finalizado el desarrollo normal de éste, si bien aquellas no dejan de darse; resultan de menor calibre.

Pero entonces, ¿Por qué la postura influye en el dolor de espalda? Resulta que, una vez finalizado el crecimiento, nuestras posturas repetitivas o mantenidas en el tiempo −entre otros factores−, modifican el equilibrio encontrado por nuestro organismo durante el crecimiento, provocando una descompensación de nuestras adaptaciones y generando el incómodo dolor de espalda. Dicho dolor se debe a que las células que soportan la adaptación son sometidas a una serie de fuerzas físicas que pueden llegar a dañarlas, lo que, en última instancia, es traducido por el sistema nervioso en forma de dolor.

Por tanto, conociendo esto, nuestro enfoque debe ir encaminado a buscar el equilibrio postural en cada caso, de manera individualizada, corrigiendo los factores que modifican nuestra postura y la someten a nuevos cambios adaptativos. Entrenando aquellos grupos musculares que favorecen la corrección y “relajando” los que generan el problema.

Llegados a este punto es importante entender una cosa: no es posible corregir la postura de manera consciente indefinidamente. La postura es mantenida por una serie de complejos mecanismos neurológicos en los que participan −entre otros−, neuronas sensitivas y motoras, diversas áreas cerebrales y cerebelosas, y en general todo el aparato locomotor (músculos, huesos, elementos capsulo-ligamentarios, tendones, cartílagos, etc.). Todo este entramado, funciona coordinado y de manera totalmente inconsciente para asegurar un movimiento estable y equilibrado.

Dado que este sistema funciona de manera inconsciente (involuntaria), nuestros ejercicios deberán ir encaminados a entrenar aquellos elementos del sistema, que nos permitirán mantener la postura en aquellos momentos en que no estemos corrigiéndola de manera voluntaria.

Para entender esto mejor, debemos pensar en una situación cotidiana en la que tengamos que mantener una postura durante un largo periodo de tiempo, como por ejemplo cuando estamos delante del ordenador. En este ejemplo, veremos que según pasa el tiempo, la tendencia natural de nuestro organismo es a inclinarse hacia delante (hacia la pantalla). Tras varias horas, decidimos “corregir” voluntariamente nuestra postura. Nos estiramos, echamos los hombros hacia atrás y sentimos alivio. Sin embargo; si seguimos trabajando frente a la pantalla del ordenador, percibiremos que poco a poco volvemos a inclinarnos hacia delante. Esto se debe a que nuestro sistema postural, no es lo suficientemente “fuerte” como para mantener la postura erguida durante mucho tiempo, y poco a poco cede ante la gravedad, cayendo hacia la pantalla.

Para evitar esta situación, nuestro objetivo deberá ir encaminado a fortalecer y entrenar todo el sistema postural para que, en el futuro, sea capaz de oponerse de manera involuntaria y autónoma a las fuerzas que pretenden someterlo.

Esta es la manera adecuada de corregir la postura: a través de un tratamiento y un entrenamiento individualizado, que se adaptará a las necesidades posturales de cada cuerpo, haciendo más capaz a nuestro organismo a la hora de soportar las fuerzas a las que se verá sometido y que, por ende, prevendrá el molesto dolor de espalda.

Sobre el autor

Antonio Javier Trujillo

Antonio Javier Trujillo

Fisioterapeuta & Osteópata

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