LA TENOSINOVITIS DE QUERVAIN Jun 18, 2019

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LA TENOSINOVITIS DE QUERVAIN

LA TENOSINOVITIS DE QUERVAIN

La tenosinovitis De Quervain es una inflamación de los tendones del separador (o abductor) largo del pulgar y el extensor corto del pulgar, ubicados ambos, en el primer compartimento extensor de la mano. Recibe su nombre del cirujano suizo de finales del siglo XIX y principios del XX, Fritz De Quervain, cuyo apellido compuesto también da nombre a un tipo de inflamación de la glándula tiroides, conocida como tiroiditis De Quervain.

Su síntoma principal es el dolor en el borde radial de la muñeca y del pulgar −lugar donde se sitúan los tendones afectados−; que puede extenderse a lo largo del antebrazo y la mano en los casos más importantes. Asimismo, este dolor, normalmente, suele ir acompañado de impotencia a la hora de realizar ciertos movimientos de la muñeca y del pulgar, siendo especialmente importante en aquellos movimientos que implican a dichos tendones. A veces el proceso puede ir acompañado de hinchazón, enrojecimiento y/o calor en la zona.

 

Pero, ¿por qué se inflaman estos tendones y qué soluciones existen?

Antes de nada, cabe mencionar la diferencia entre una tendinitis al uso y una tenosinovitis. La clave debemos buscarla en la anatomía: la tenosinovitis se produce sobre un tendón con vaina sinovial, mientras que la tendinitis asienta sobre uno sin vaina. Para entender bien esto, debemos pensar en el cable de freno de una bicicleta, donde el cable metálico se desliza dentro de un conducto de plástico moviéndose a partir de la fuerza ejercida sobre la maneta del mecanismo de freno. De igual manera, los tendones con vaina sinovial, se deslizan en el interior de éstas, lubricados por líquido sinovial que los nutren y protegen, y accionados por la fuerza de los músculos a los que se unen.

Entendido esto, podemos imaginar que cuando aumenta la fricción entre tendón y vaina, o entre ambos con los elementos de su entorno (como el hueso), ya sea por traumatismos directos o sobreuso; el tendón y su vaina, acabarán inflamándose, provocando la mencionada tenosinovitis.

En el caso concreto de la tenosinovitis De Quervain, los tendones mencionados se ven especialmente expuestos a su paso por el extremo del radio (estiloides radial), donde deben pasar bajo una polea que los mantiene en su posición y les permite transmitir la fuerza correctamente desde los músculos hasta el pulgar. Esta circunstancia hace que, la presión a la que se ven sometidos los tendones a su paso por esta región, sea mayor, y que, por ende; también lo sea el rozamiento o fricción sobre los mismos cuando la tensión se ve incrementada.

Podemos visualizar esto con otro ejemplo. Imaginemos que queremos sacar agua de un pozo con una cuerda atada a un cubo con una capacidad de un litro, utilizando para ello una polea. El conjunto funciona perfectamente. Un día decidimos cambiar nuestro cubo de un libro por uno de cinco. Nuestra cuerda aguanta; sin embargo, al aumentar la resistencia en uno de los extremos (el cubo), hemos aumentado la presión sobre el fulcro (la polea) de nuestra palanca, lo que se traduce en una mayor fricción de la cuerda a su paso por la polea. Poco a poco, nuestra cuerda comienza a deshilacharse y desgastarse. Pues bien, esto es, grosso modo, lo que ocurre con nuestros tendones:  al aumentar la carga, a base de repeticiones, sobreesfuerzos, sobrecargas o traumatismos; nuestro tendón acaba por rozar más de la cuenta y termina por inflamarse. A su vez, la propia inflamación genera más fricción, lo que supone un círculo vicioso.

La tenosinovitis De Quervain suele darse en deportistas de raqueta o golfistas; pero también en todas aquellas actividades laborales que requieren de un uso repetitivo de la muñeca y/o el pulgar, en madres con hijos pequeños (habitualmente de entre 6 y 12 meses), o en cuidadores de personas mayores o niños.

Debido a la situación de la lesión, su recuperación a veces resulta algo tediosa, por lo que es importante el reposo relativo de la muñeca afectada. Por otro lado, el tratamiento con antiinflamatorios, frío, y a veces el uso de ciertos vendajes o muñequeras; suele ser interesante, pues permiten una disminución de la inflamación del tendón y por tanto reducen el círculo vicioso mencionado con anterioridad. Asimismo, la fisioterapia resulta de gran interés de cara a reducir la tensión de los músculos asociados a los tendones afectos, disminuyendo así la tensión y, por tanto, la fricción sobre éstos. Finalmente, en los casos de mayor gravedad, pueden ser interesantes las infiltraciones con corticoides o incluso, la cirugía.

Sobre el autor

Antonio Javier Trujillo

Antonio Javier Trujillo

Fisioterapeuta & Osteópata

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