EL VÉRTIGO DE ORIGEN CERVICAL Abr 06, 2020

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EL VÉRTIGO DE ORIGEN CERVICAL

EL VÉRTIGO DE ORIGEN CERVICAL

El vértigo puede definirse como la sensación subjetiva de movimiento, de uno mismo o del entorno. A menudo se asocia a sensación de inestabilidad, pérdida de equilibrio (mareo) y náusea; pudiendo llegar a producir sensación de desmayo inminente.

“El vértigo es un síntoma, y como tal, puede ser generado por diversos trastornos o patologías”.

El vértigo es un síntoma, y como tal, puede ser generado por diversos trastornos o patologías. Desde algo tan “simple” como el consumo excesivo de alcohol o un acúmulo de cerumen en el oído, hasta tumores cerebrales o accidentes cerebrovasculares; pasando por traumatismos, alteraciones neurológicas como la esclerosis múltiple, descompensaciones de la tensión arterial o enfermedades con nombre propio como el síndrome de Menière. Sin olvidar, que el consumo de algunos medicamentos también puede provocarlo.

Sin embargo; en el artículo de hoy, nos centraremos en aquellos vértigos cuyo origen es cervical. ¿A qué se deben? ¿Tienen solución?

Para entender mejor el vértigo de origen cervical, antes debemos pararnos a analizar la anatomía del cuello, y en concreto, la de una arteria situada en la región, cuyo correcto funcionamiento resulta fundamental en la prevención del síndrome vertiginoso: la arteria vertebral.

La arteria vertebral, −o, mejor dicho, las arterias vertebrales, pues son dos−; se localiza en la parte posterolateral de la columna vertebral, y asciende, desde la arteria subclavia −donde nace−; atravesando las vértebras cervicales y el agujero magno −el de la médula espinal−, para ir a parar a una estructura arterial vital llamada tronco basilar, situada en la base del cráneo. Su función, grosso modo, es la de aportar irrigación sanguínea a la zona posterior del cerebro, al cerebelo y al oído.

“Dichas circunstancias, restan capacidad elástica y movilidad a la arteria, predisponiéndola a posibles compresiones y/o sobreestiramientos”.

Toda esta engorrosa y, posiblemente, confusa explicación anatómica, tiene un único objetivo: mostrar al lector, la complejidad anatómica de dicha estructura y su importancia vital en términos funcionales. Y es que, en su ascenso vertical, esta arteria debe atravesar unos cuantos agujeros estrechos en las vértebras y acodarse a 90º hasta en dos ocasiones, antes de alcanzar su objetivo final en la base del cráneo. Dichas circunstancias, restan capacidad elástica y movilidad a la arteria, predisponiéndola a posibles compresiones y/o sobreestiramientos. Estos cambios en la arteria modifican su caudal y terminan por disminuir el flujo arterial, lo que, en última instancia; se traduce en alteraciones de los órganos y estructuras a los que irriga la arteria. Como los órganos diana de la arteria se encargan, −entre otras cosas−, del control del equilibrio −recordemos que el cerebelo y el oído son fundamentales en este sentido−; el síntoma final es el vértigo.

“En este caso, resultará especialmente efectivo el tratamiento de la musculatura afecta con fisioterapia, a fin de eliminar el estímulo patológico sobre la arteria”.

A estas alturas del artículo, el lector ya se podrá ir oliendo la tostada. Efectivamente, si la situación natural de la arteria ya la predispone a generar el síntoma, cualquier elemento o condición que la altere, podrá desencadenarlo. Es por esta razón, por la que a veces nos mareamos al realizar movimientos bruscos del cuello. Normalmente, esta circunstancia es puntual y es habitual que nos recuperemos rápidamente, pues el caudal de la arteria vuelve a la normalidad en cuanto cesa el estímulo; sin embargo, cuando éste perdura en el tiempo, los síntomas también lo hacen. Es el caso de las contracturas musculares −especialmente en la región cervical alta−, que pueden presionar, comprimir y/o sobreestirar a la arteria de manera mantenida, prolongando el vértigo y sus síntomas anejos en el tiempo. En este caso, resultará especialmente efectivo el tratamiento de la musculatura afecta con fisioterapia, a fin de eliminar el estímulo patológico sobre la arteria. Asimismo, ciertos medicamentos, −siempre prescritos por un facultativo−; pueden resultar útiles a la hora de relajar la musculatura o de reducir el síntoma vertiginoso.

Finalmente, resta aclarar que, si bien resulta raro, en ciertos casos, el propio estado de la artería vertebral; por “desgaste”, esclerosis, calcificación y/o defectos congénitos, pueden generar también, per se; los síntomas. En este caso, si bien la fisioterapia podrá resultar coadyuvante en el tratamiento del síntoma, no resolverá el problema de base.

Sobre el autor

Antonio Javier Trujillo

Antonio Javier Trujillo

Fisioterapeuta & Osteópata

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